DÍA 12 – TAPAR EL SOL CON UN DEDO

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¿Han escuchado alguna vez esa expresión?

A mí me encanta. Es una metáfora extraordinaria de nuestra capacidad para negar la realidad, mirar hacia otro lado y convencernos de que, si ignoramos algo durante suficiente tiempo, quizá desaparezca.

Día a día, mi colección de frases célebres de la industria aseguradora no deja de crecer:

-  ¿Y por qué ahora la IA va a cambiar la industria de los seguros?

-  Llevamos más de 100 años haciendo las cosas así.

-  He visto pasar muchas olas de innovación y, mira, aquí seguimos, con nuestro Excel.

-  El regulador jamás permitirá algo así.

-  Lo que propones no es nada fácil de implementar.

-  ¿Los datos de mis clientes en la nube? ¡Ni hablar!

-  No me interesa. Ya hemos alcanzado las metas del año.

-  No tenemos apetito por ese tipo de riesgo.

Esta última me encanta. Trabajamos en la industria del riesgo, pero parece que innovar es uno de los riesgos que más nos cuesta asumir.

No me quejo. Es parte de mi día a día. Además, algunas de estas objeciones son perfectamente razonables. Otras, en cambio, merecerían un lugar de honor en el museo de la resistencia al cambio.

Transformar una industria no es fácil. Cuestionar modelos de negocio, modificar procesos que llevan décadas funcionando y abandonar zonas de confort genera incertidumbre.

Pero hay algo que me sigue sorprendiendo: podemos hablar durante horas de inteligencia artificial, transformación digital, innovación y disrupción. El problema aparece cuando alguien propone hacer algo diferente.

Ahí es cuando el PowerPoint se convierte en Excel. Y se acaba la transformación.

Mi esposa suele repetir una frase muy mexicana que me encanta:

«Cuando te toca, aunque te quites. Cuando no te toca, aunque te pongas».

Al cambio le pasa exactamente lo mismo.

Podemos discutir cuándo llegará, cómo será y cuánto nos costará. Podemos incluso intentar tapar el sol con un dedo. Pero el cambio no suele pedir permiso.

Y mientras seguimos debatiendo si la inteligencia artificial transformará o no nuestra industria, hay algo bastante menos futurista que continúa ocurriendo todos los días.

Un cliente sufre un siniestro. Tiene un problema. Necesita una solución.

Y muchas veces lo único que recibe es un número de expediente, un formulario y una invitación a tener paciencia.

Quizá deberíamos dedicar menos tiempo a discutir sobre el futuro de los seguros y un poco más a resolver los problemas del presente.

Porque, al final, de eso se trata.